PRESENTACIÓN

La universidad pública de fin de siglo, reproduce hoy su importancia como institución generadora y difusora de ciencia y cultura, en un contexto evidentemente modificado. La diseminación de los agentes difusores de conocimiento que ha propiciado el desarrollo informático y telemático, ha transformado la producción, acceso y uso de la docencia y la investigación y ha roto los monopolios de difusión del conocimiento, anteriormente circunscritos a las instituciones educativas. También la proliferación de la empresa privada educativa, que en nuestro país ha sido significativa, ha construido nuevos escenarios donde se desarrolla y redefine la vocación y la organización de la educación superior pública. Evidentemente es imprescindible señalar en estos trazos del entorno, el impacto que sobre la propia misión universitaria establece una racionalidad política y valórica dominante del desarrollo social, con un predominio de la visión cuantitativa macroeconómica y de corto plazo, contrastante con los imperativos globales, solidarios y de largo plazo que exigen las soluciones para los problemas sociales, productivos, ambientales, educativos y culturales de nuestro tiempo.

De esta forma resulta relevante volver la mirada hacia la universidad como institución educativa de trascendencia en la modernidad y observarla acuciosamente como organismo social complejo, de donde no solamente se arrojan insumos sociales -profesionales, estudios científico-técnicos, obras culturales sino donde sus espacios de autonomía, ejercicio de libertad de pensamiento y de cátedra, de organización y gestión y de compromi­sos implícitos o explícitos con propuestas societales encarnadas en sujetos específicos, ofrece la posibilidad de asumirla a ella misma, a la Universidad, como objeto de estudio.

En este marco, la Facultad de Ciencias Sociales de la Univer­sidad Nacional y el Programa Costa Rica de la Facultad Lati­noamericana de Ciencias Sociales convocamos a un certamen de ensayo en el año académico de 1994.

Un jurado de especialistas de ambas instituciones valoraron unánimemente que el texto de Ángel Ruiz, contenía un tratamiento profundo, sistemático y documentado de gran relevancia, que su perspectiva analítica era intelectualmente muy madura, características que permitían a su obra hacer un aporte significativo para la discusión sobre la cuestión universitaria actual.

El compromiso de publicación que el premio conllevaba así como la necesidad de ofrecer puntos de vista para la gestión universitaria pública en la cual nos hallamos comprometidos, por voluntad propia y por imperativo de época, las instituciones de educación superior pública nacional, relevan la significación de hacer llegar al lector este excelente estudio del académico ganador del I Certamen de Ensayo de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional.

Nuestro particular agradecimiento al académico Ángel Ruiz por darnos la posibilidad de ampliar el círculo del debate de los asuntos universitarios con su excelente trabajo y al programa Costa Rica de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, por acompañar y patrocinar una aventura más en la búsqueda de propuestas y enfoques sobre nuestra realidad social e institucional.

Msc. Olga Marta Sánchez O.
Decana
Facultad de Ciencias Sociales
Universidad Nacional Costa  Rica

 

La universidad ha ocupado un lugar muy importante en la definición del rostro de la sociedad occidental. Su misión siempre ha estado, de alguna u otra forma, vinculada a la principal característica de nuestra especie: su inteligencia. Descubrir, usar y trasmitir conocimiento ha colocado a la humanidad en el umbral del cielo pero, también, en las puertas del infierno. Los nombres de Hiroshima y Nagasaki siempre estarán ahí para recordarnos esta realidad. El dispositivo social universitario ha estado ahí en el corazón de la materia con la que se puede forjar el progreso social y humano pero también la decadencia. El papel que han jugado las universidades y los universitarios como, también, el que no han jugado, o no lo han querido jugar, en todas las épocas ha definido mucho de la historia intelectual de las naciones, y ha sido un mecanismo que se ha tomado en cuenta en todos los planes de progreso. Hoy, frente a un nuevo milenio, cuando el conocimiento se ha convertido en uno de los principales medios para el poder y el desarrollo social, lo que las universidades hagan o dejen de hacer se ha vuelto más importante que nunca. Esto es más urgente -si se quiere- en los países no desarrollados, que nos vemos obligados a descubrir y usar con urgencia los mejores instrumentos para intentar fecundar nuestro progreso, en un contexto histórico que ha elevado extraordinariamente la competitividad en la producción económica, individual y social de todas

las naciones. La formación de cuadros profesionales e intelectuales, la generación y el uso intensivos del conocimiento y el avance educativo y cultural de cada nación, tal vez no son condiciones suficientes para el progreso nacional, pero, sin duda, son necesarias, esenciales. Es en este panorama que debe colocarse cualquier análisis de la universidad en Costa Rica o en América Latina. Hemos preferido en este trabajo buscar la perspectiva más amplia, pero también concreta y útil, para hacer un diagnóstico honesto de nuestra universidad y sugerir un derrotero de cara al futuro.

La universidad en América Latina ha tenido dimensiones sociales, culturales y políticas muy especiales que le han otorgado una fisonomía propia. De esta realidad específica es necesario partir a la hora de definirle una prospectiva edificante, es decir que brinde lineamientos positivos en la construcción del futuro. En este tipo de asuntos, tener una aproximación histórica resulta imprescindible. La Independencia latinoamericana nos brinda una primera distinción entre dos períodos: la universidad colonial y la republicana. El ''modelo napoleónico" de educación superior fue decisivo para la universidad latinoamericana. Ya en este siglo, la Reforma de Córdoba, en Argentina y el movimiento académico, social y político que éste generó, definió ei contexto intelectual en el que se movería la universidad latinoamericana desde 1918. Otra etapa fue impuesta por la presión demográfica y la radicalización política que se vivieron durante las décadas de los sesenta y setenta. Por último, un nuevo contexto histórico ha planteado en los años ochenta y noventa una reforma de la universidad latinoamericana en torno a su misión y a su capacidad de cumplir con los fines que la sociedad le reclama en esta nueva fase.

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